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Diario del AltoAragón, domingo, 22 de mayo de 2005

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AIRE LIBRE

El valioso patrimonio vegetal de Ordesa 

  • "La ampliación del Parque de Ordesa no supone restricciones, sino potenciación de los usos ganaderos tradicionales", dice Benito

Unas 1.400 especies de plantas, 110 de ellas desconocidas hasta ahora, 112 comunidades vegetales -24 de nueva descripción-, 615 mapas de distribución, 50.000 citas florísticas y 1.200 inventarios son los números que resumen el arduo y minucioso trabajo realizado por José Luis Benito Alonso, botánico del Instituto Pirenaico de Ecología de Jaca, para su tesis doctoral sobre "Flora y vegetación del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, bases científicas para su gestión sostenible", que el 10 de junio defiende en la Universidad de Barcelona. Mientras, su trabajo ya ha obtenido una primera recompensa pública: el XXI Premio de Investigación Botánica "Pius Font i Quer" que le ha otorgado el Instituto de Estudios Ilerdenses de la Diputación de Lérida, por haber elaborado el catálogo florístico del citado Parque Nacional.

JACA.- La siguiente será la edición de su tesis, una parte de la cual correrá a cargo del Instituto de Estudios Ilerdenses y la otra, del Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón. Además, los responsables del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido tienen previsto publicar "un librito con unas 150 plantas escogidas, menos técnico que la tesis", explica José Luis Benito a quien, por su parte, también le gustaría hacer "alguna obra más de divulgación sobre la vegetación del Parque". Han sido 8 años de trabajo que comenzó "apoyándome en la labor anterior de otros biólogos y siguiendo los consejos del director de mi tesis, Luis Villar, y de científicos que han trabajado mucho en Ordesa, como Arantza Aldezábal, Daniel Gómez y Miguel Arbella". Para obtener la beca que solicitó, otro botánico, Gabriel Montserrat, le dio la idea de orientar su investigación como un estudio básico de conocimiento de la vegetación y biodiversidad necesario para cualquier gestión posterior.

José Luis benito ordenó la información de que disponía, vio las carencias y programó las temporadas de trabajo de campo, "siempre cortas en alta montaña". "Se puede empezar a final de abril en las zonas bajas, como Añisclo o Escuaín, pero en Ordesa la primavera está en su esplendor a finales de junio, y puedes seguir trabajando hasta principios de setiembre. Alguna vez me ha caído una nevada a últimos de agosto", comenta al rememorar avatares causados por la climatología, entre los que destacan dos: uno, cuando en el pico Robiñera, a 3.005 metros de altitud, una tormenta eléctrica "me puso los pelos de punta" –literal- mientras "el forro polar echaba chispas". La otra anécdota le ocurrió bajando del pico Soum de Ramond, dedicado a Ramond de Carboniers, "nuestro principal antecedente botánico de la zona porque fue el primero en subir, en 1802, al Monte Perdido, acompañado por unos pastores de Fanlo, y el primero en recoger plantas en esta zona". "Es un pico poco visitado. Yo quise subir por un sitio y bajar por otro, pero no encontré la vía buena para el descenso. Lo pasé bastante mal porque tuve que bajar a cuatro patas o arrastrando el culo, y en otro escarpe con necesidad de instrumentos de escalada que yo no llevaba,… Bueno, toda una odisea. Es el día que peor lo he pasado en el monte".

Nada de esto se refleja en las 668 páginas de la tesis. El trabajo tiene una amplia introducción, en la que aborda cuestiones como la historia de la Botánica y la del Pirineo, y la influencia del clima y de la mano del hombre. El siguiente apartado es el catálogo de flora, en el que ha aportado el estudio de 110 especies hasta ahora desconocidas de las 1.400 de este enclave de 16 mil hectáreas de extensión. También describe por vez primera 24 comunidades vegetales de las 112 existentes. "Algunas son únicas, no sólo en el ámbito pirenaico, sino en toda España, como la que se encuentra en Ordesa y en Collarada, la Carex bicolor, una pequeña hierba cuyos parientes más cercanos están en los Alpes y la zona boreal de Europa. Vive en una especie de turberas, fuentes que se remansan y hacen unos pastos muy húmedos sobre ese estrato calizo, pese a que es un fenómeno poco común. Por eso se trata de una comunidad rara y, dentro de la Directiva Hábitats, es una de las prioritarias para su conservación", explica. Otra también especial es la Brachypodio-Fraxinetum, o bosque mixto aluvial, que hay en Pineta. "Por desgracia está fuera del Parque, y yo pido que éste se amplíe a esa zona, donde se encuentra este bosque mixto que es una joya, con unos 12 ó 15 tipos de árboles, la mayor parte caducifolios, y en muy buen estado de conservación". También han sido catalogadas por vez primera especies mediterráneas como la Aristolochia paucinervis, la Festuca altopyrenaica o la Carex depressa.

Luisa PUEYO

Noticia en el Diario del AltoAragón

 


Heraldo de Aragón 76 | Martes 17 de mayo de 2005

En la última | Soledad Campo

  José Luis Benito

“Ampliar Ordesa permitiría poner a salvo especies y comunidades vegetales únicas”

 

José Luis Benito inició su trayec­toria en el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC) de Jaca hace tre­ce años y en 1997 se embarcó en una tesis a la que ha dedicado ocho años: "Flora y vegetación del Par­que Nacional de Ordesa y Monte Perdido". La parte dedicada al ca­tálogo florístico le ha hecho me­recedor del Premio Pius Font i Quer que otorga el Instituto de Es­tudios Ilerdenses.

Por su gran diversidad de ambientes y paisajes, y muchos contrastes, Ordesa alberga una gran variedad de flora.

¿Cuántas especies ha llegado a catalogar?

Es un trabajo muy arduo y muy puntilloso, porque son muchos datos. En lo que es el territorio y las zonas aledañas, hay cerca de 1.400 plantas diferentes que se han catalogado, de las cuales hasta que se hizo este estudio había unas 110 que no se sabía que vivían aquí, y hemos descartado la presencia de medio centenar que algunos colegas habían citado. Además, hay descritas 120 comu­nidades vegetales, 615 mapas y 25.000 citas bibliográficas.

¿Qué novedades aporta esta investigación?

Uno de los estudios concretos que he realizado versa sobre la inversión térmica, de microclimatolo­gía. En el fondo del valle de Orde­sa se produce este fenómeno que ahora todos conocemos por las es­taciones de esquí. En algunos si­tios como el valle de Añisclo ha­bíamos detectado la presencia de plantas que vivían 300 metros por debajo de su altitud normal, y con los sensores y termómetros se ha comprobado que esta inversión térmica se produce prácticamen­te todo el año de noche y de día, no solo en momentos puntuales.

Seguro que hay alguna planta cuya presencia se desconocía hasta ahora.

Hay varias. Una de ellas no la en­contré yo, sino que la localizó un colega, David Guzmán. Se trata de una orquídea muy pequeña, que por su característica raíz de coral se llama 'Corallorhiza trífida'. Vi­ve en hayedos, en bosques madu­ros o que están poco tocados, se conocía en otros dos sitios que han sido talados y no ha vuelto a aparecer. Hasta el momento es la única cita para toda España. Tam­bién es interesante la presencia de otra orquídea, el zapato de Venus ('Cypripedium calceolus'), de la que se han encontrado varias poblaciones. Ambas son un poco el  exponente de la buena conservación que tiene el parque.

¿Se siente especialmente satisfecho de alguno de estos descu­brimientos?

Particularmente estoy orgulloso de algunas comunidades vegeta­les que he descrito que vienen de los Alpes y que durante las gla­ciaciones debieron llegar aquí. Por ejemplo, la 'Carex bicolor', de la que sólo hay otras poblaciones en Collarada e Ip. Por la inversión térmica y por las glaciaciones en Ordesa hay una serie de especies que tienen su única localización en este paraje.

Su tesis va también dirigida a es­tablecer unas bases para la ges­tión sostenible de este espacio, ¿qué conclusiones ha alcanzado? Una de las conclusiones es abogar por la ampliación del parque por varias zonas, porque en algunos si­tios corren peligro especies y co­munidades que son únicas en el Pirineo. Una de las áreas más cas­tigadas podría ser el valle de Pine­ta, porque allí hay una acampada con unas condiciones de control e higiene mínimas. Otro sitio es el valle de Bujaruelo, sobre el que siempre planea esa amenaza de si se hace una carretera hasta el co­llado, un teleférico o si asfaltamos la vía. Conservando los usos tra­dicionales y ganaderos es un buen candidato a la ampliación. Otro te­rritorio es la parte baja de Añisclo, que además permitiría incluir uno de los pocos ejemplos de bosque más propio de los climas cálidos.

¿Hay alguna parte de Ordesa que no haya pateado?

Siempre hay sitios inaccesibles, como la umbría de Ordesa, o el cañón de Añisclo, en el que sólo se puede andar por los senderos. En otros puntos no se puede en­trar por el relieve escarpado y los paredones. Lo que sí he hecho es subirme a todos los picos de 3.000 metros (34) para saber cuáles son las plantas que hay en las cum­bres.

Una curiosidad, cuando habla de su tesis lo hace en plural.

Hay un montón de gente que co­labora y participa de una manera o de otra, cantidad de especialistas que se citan y consultan, todo el personal del herbario de Jaca y el Instituto, desde la dirección del Parque hasta los guardas, y, por su­puesto, los amigos que te acompa­ñan al monte y te sufren.

 

EL RETRATO

Biólogo del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC). Acaba de obtener el Premio de Investigación Botánica del Instituto de Estudios Ilerdenses de la Diputación de Lérida.

 

La entrevista en el Heraldo

 

www.jolube.es