Artículos científicos


LA FLORA DE ARAGÓN:

Flora y vegetación del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

José Luis Benito Alonso

Instituto Pirenaico de Ecología, CSIC. Apdo. 64. E-22700 Jaca (Huesca) - www.jolube.net

 

Artículo publicado In: MONTSERRAT, P. (2000). La Flora de Aragón. Pp. 36-38. Colección CAI 100 n.º 80-51. Zaragoza.


Desde su creación en 1918, sólo en una ocasión se había abordado el estudio de la flora del entonces Parque Nacional de Ordesa por los profesores Losa y Montserrat en los ya lejanos años 40. Cuando ya está rayano el final de siglo, desde el Instituto Pirenaico de Ecología se ha vuelto a plantear dicho trabajo, aunque ahora ampliado a los cuatro valles de la actual configuración del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido: Ordesa, Añisclo, Escuaín y Pineta. Este estudio se completa con el de las comunidades vegetales, aspecto sobre el que no existía hasta el momento un compendio para tan singular espacio.

La empresa no es fácil al abarcar sus cuatro valles casi 16.000 ha de terreno, con un desnivel de 2655 m (desde los 700 m s.n.m. en Añisclo hasta los 3355 m del Monte Perdido), y una orografía escarpada con cañones y paredones hasta de 500 metros de altura.

Si bien al visitante urbanita lo que más le habrá llamado la atención serán las selvas y los grandes acantilados del Parque, los bosques sólo ocupan el 17% de su superficie. Sin embargo, el montañero habrá podido apreciar que la mayor extensión del territorio la ocupan, con diferencia, los pastos fruto de centenares de años de coevolución con los herbívoros, seguido de los pedregales de la alta montaña.
En el Parque se produce una mezcla de influencias climáticas que da lugar a la aparición de distintas clases de comunidades vegetales. Así, tenemos desde vegetación mediterránea que penetra en las partes más bajas como en Añisclo, pasando por la submediterránea de los cresteríos pedregosos calizos y resecos por el viento, o los pozos de oceaneidad con presencia de plantas propias de ambientes más cercanos al atlántico, y finalizando con la vegetación de ambiente alpino de las altas cumbres.

Sin embargo, los lugares más singulares por la presencia de plantas endémicas son los roquedos y las pedrizas, sitios éstos donde la vida vegetal está dificultada por la escasez de recursos y un ambiente muy extremo. Ello ha actuado de motor adaptativo y evolutivo que ha permitido la diversificación específica. Allí podemos encontrar la mayor parte de los endemismos que existen en el Pirineo, algunos de los cuales han sobrevivido a las glaciaciones como la célebre oreja de oso (Ramonda myconi) o la Borderea pyrenaica; otras plantas son más “jóvenes” como una bella campanilla azul (Campanula cochleariifolia), la atrapamoscas (Pinguicula longifolia), un cardo (Cirsium glabrum), o rompepiedras como Androsace pyrenaica Petrocoptis crassifolia, Saxifraga aretioides y muchas más.

Toda esta variedad de ambientes permite el establecimiento en el Parque de más de 1300 especies de plantas vasculares, reunidas en casi un centenar de comunidades vegetales.
 


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Actualizada el miércoles, 02 abril 2008